¿Alguna vez has pensado en la muerte, verdad? Es algo en lo que no solemos pensar
hasta que alguien próximo a nosotros, le sucede algo y en algunos casos no consigue
sobrevivir, en ese momento nos planteamos nuestra vida y no queremos que acabe. Ese
es el mayor error del ser humano, no saber aceptar su destino final.
Para comprender mejor esta situación os contaré la historia de una mujer que tenía una
vida, como cualquier otra, y como acabó con ella.
Todo se remonta a un hospital donde se encontraba Kali, nuestra protagonista.
Recientemente había tenido un accidente automovilístico donde ella había resultado
gravemente herida, incluso había caído en un estado de coma. Antes de que pasara todo
esto, era una joven mujer que trabajaba en una oficina de una empresa, como cualquier
otra joven de su mismo perfil, tenía un piso amueblado a su gusto y en el cual vivía sola.
Durante su estancia en el hospital, tuvo una serie de sueños donde se encontraba en
una especie de habitación oscura, la cuál parecía infinita, y en esta habitación siempre
había una persona sin rostro, con una tunica teñida de negro y una guadaña más grande
que el ser mismo. Esta especie de persona siempre le repetía la misma pregunta,
acompañada de una advertencia aterradora.-¿Piensas habitualmente sobre la muerte?
deberías hacerlo.- Y con esta oración desaparecía a través del humo que aparece del
suelo, subiendo en forma de espiral, envolviendolo por completo hasta que ya no se
podía ver a ese ser y en ese instante desaparecía.
Este sueño extraño se repetía en bucle, uno detrás del otro, sin parar. Después de tres
días en coma, ella despertó. No recordaba nada de lo que le había sucedido ni los sueños
que había tenido. La enfermera que había estado a su cuidado se alarmó al verla
despierta y tan decidida a levantarse, llamó a los doctores y en menos de un minuto ya
estaban todos allí para empezar a hacerle todo tipo de pruebas. La joven estaba
desorientada y no sabía qué hacer o cómo actuar frente a la situación que se estaba
dando a cabo.
Después de un par de semanas en el hospital, para asegurarse de que no habían
quedado secuelas del accidente, nuestra joven se decidiría por volver a casa. Al llegar a
casa, antes de entrar a su piso, se tropezó con una cesta llena de todo tipo de regalos y
ella supo inmediatamente que habían sido sus compañeros de trabajo, los cuales
también habían dejado una pequeña nota que decía:
No te mueras, nadie hace tu trabajo mejor que tu.
Recuperate pronto y vuelve con nosotros.
Con amor tus compañeros de oficina.
Pd: Frank se comió la mitad de los bombones.
Al leer esta nota se puso a reír sin parar, hasta que un pensamiento no muy agradable se
le pasó por la cabeza.-Y si me hubiera muerto.- pensó. Seguidamente borró ese
pensamiento de su cabeza, por qué sabía que no lo dejaría pasar así como así.
Pronto se hizo de noche, sin saber porque un escalofrío recorrió todo su cuerpo, no le
dió importancia y se dirigió hacia la cama. Una vez allí, la situación se le hizo familiar,
estaba en una habitación oscura, aunque se podía ver pequeños puntos de luz en la
ventana producidos por las farolas que iluminaban las calles. Ella prefirió ignorar toda
esa familiaridad que le resultaba esa situación y cerró los ojos, los mantuvo así hasta que
se quedó profundamente dormida.
Pasaron semanas desde su accidente, todo volvió a su normalidad excepto por un
elemento: sus sueños. Los sueños que tuvo durante esos meses fueron los mismos que
tuvo durante su estado de coma. Ella no recordaba nada de lo que había soñado, visto u
oído durante el coma, sin embargo la voz de la persona en sus sueños le resultaba
peculiarmente familiar.
Cuando se cumplieron los dos meses después de su accidente, se despertó de golpe, su
cara se veía aterrorizada, como si hubiera visto un fantasma, posiblemente fue eso.
Corrió hasta llegar al baño y se miró en el espejo, como si estuviera en una película
americana. Unos minutos después se dijo a sí misma que todo había sido un sueño,
como los que había tenido durante estos meses, y que todo estaba bien, ella aún no
sabía lo que le iba a suceder.
Seguidamente volvió a su habitación para ver la hora que marcaba el reloj situado en su
mesita de noche que estaba junto a su cama. Las agujas del reloj marcaban las nueve en
punto de la mañana, ella entraba a trabajar a las ocho en punto de la mañana, y de un
salto se lavó, se vistió y salió corriendo por la puerta olvidándose de las llaves del piso
sin darse cuenta.
Estuvo corriendo durante todo el trayecto hasta llegar al trabajo; se saltó algún que otro
semáforo, esquivó a algún que otro anciano con el carro de la compra, hasta que llegó a
un gran paso de cebra, el cual aún no podía cruzar debido al semáforo, que estaba en
rojo. a la izquierda del paso de cebra se encontraba un parque en el cual había un banco
en el cual siempre se encontraba un anciano. A Kali le pareció extraño no encontrarlo
sentado ya que no había ni un día que no se parase a hablar con él, al principio pensó
que le podría haberle pasado algo, pero no le dio demasiada importancia debido a que
ya llegaba una hora y cuarto tarde a su labor.
No pasó mucho tiempo hasta que la joven llegó al trabajo, parecía que nadie se había
dado cuenta de su ausencia. Se dirigió al ascensor hasta la tercera planta, donde ella
tenía su pequeña mesa donde pasaba su jornada laboral, una vez allí pudo observar que
su pequeño grupo de amigos de la oficina estaban hablando de ella, comentaban el
porqué no había asistido ese día. Kali se acercó para anunciarles que su despertador no
había sonado y por ese motivo ella había llegado tarde, cuando se dirigió hacia ellos
saludándoles verbalmente, nadie la escuchó.-Seguramente me están haciendo el vacío,
les habré asustado como lo hice cuando tuve el accidente.- pensó ella, no podía estar
más equivocada. Se acercó más al grupo hasta quedar al lado de Frank, el compañero
que se comió sus bombones. Para poder entablar una conversación sobre lo que le había
sucedido a la mitad de su caja de bombones, le puso la mano derecha en su hombro
izquierdo y al instante, Frank, se desplomó en el suelo, sin motivo alguno. La joven
pensó que era una especie de broma hacia ella, pero su opinión cambió cuando vió que
no respiraba.
Tiempo después llegó la ambulancia, llevandose el cuerpo sin vida de Frank. La joven
salió corriendo del lugar, mirándose las manos, ya que tenía la impresión de que ella
había tenido algo que ver en la muerte de su amigo. Sin saber a dónde se dirigía, acabó
en el parque donde solía pasar su descanso, se sentó en el banco donde normalmente se
encontraba el anciano. Frente a ella habían un par de niños jugando a la pelota y sin que
ella se diese cuenta la pelota acabó en sus pies, en ese momento pasó algo inexplicable,
el niño le pidió que si le podía pasar la pelota, ella estaba desconcertada, ese niño podía
verla. Le pasó la pelota al niño y se marchó, lo que ella no escuchó fue que la madre de
ese niño le preguntó qué con quién estaba hablando y el niño la señalo, pero la madre
no pudo observarla.
La joven se dirigió hacia su casa mientras la noche sembraba las calles, una vez allí se
dió cuenta de que no llevaba llaves, se las había olvidado en el bol situado encima del
mueble de la entrada. Con desesperación intentó golpear la puerta con su puño, pero
esto resultó en vano, el brazo atravesó la puerta de su casa, seguido de todo su cuerpo
cayendo al suelo del piso. Se levantó aterrorizada, estaban pasando muchas cosas
extrañas, las cuales nadie le daba explicación, seguidamente probó varias veces a
atravesar la puerta, se había convertido en una especie de fantasma.
Optó por dirigirse al centro de la salita, donde se encontraba un sofá y una mesa.
Cuando se sentó en el sofá pudo ver un libro encima de la mesa, el cual ella no tenía
conocimiento previo. Decidió cogerlo y leer su portada.-Guía de la Muerte.- leyó.
No era un libro corriente, aun que lo pareciera; era de color negro con matices granates,
las hojas del libro eran viejas, como si estubieran manchadas de ceniza y pesaba más de
lo que se esperaba a primera vista. Cuando abrió el libro y empezó a leerlo, pudo ver que
era una especie de diario con consejos de como ser la Muerte. Aunque le impactó el
hecho de saber que la Muerte como figura humana existía, no dejó de leer la guia, como
si hubiera una fuerza que le impidiese dejar de leerlo.
Tardó escasos minutos en acabar la supuesta guia, todo lo que había leído lo recordaba
a la perfección, como si se hubiera creado una especie de archivo mental que recogía
todo ese conocimiento. En ese instante, con el libro en mano, se levanto del sofá y se
dio la vuelta, en ese momento vió a una persona sin rostro, con una tunica teñida de
negro y una guadaña más grande que el ser mismo. Dejó caer el libro al suelo y empezó
a gritar hasta que el ser se puso hablar.-Veo que ya has leído la guia que te dejé encima
de la mesa.- dijo el ser, esperando alguna respuesta. Kali no podía responder, se había
quedado catatónica al ver ese ser.-Como podrás ver tus súplicas más profundas y
oscuras han sido escuchadas y cumplidas. Ya eres inmortal, no tendrás que preocuparte
por la Muerte. Ya que la Muerte eres tu.- dijo el ser con superioridad.
Las cosas empezaban a encajar en la cabeza de la joven, mientras esto sucedía, el ser, la
estaba cambiando de aspecto, un aspecto más adecuado para su nuevo trabajo. Sin
embargo aún había un elemento que le faltaba, la voz de ese ser le resultaba
extrañamente familiar, la intentaba asociar a gente próxima a ella, pero sin resultado
alguno.-¿Nosotros nos hemos conocido en algún momento?, tu voz me resulta
particularmente familiar.- dijo ella insegura. El ser empezó a reírse a carcajadas, la joven
no pregunto sobre cosas obvias como: ¿Cómo había llegado a ser la muerte? ¿Cómo
había aparecido de repente en su piso? ¿porque ella podía atravesar las paredes?… un
sin número de preguntas que serían razonables en la situación en la que se encontraba.
Sin embargo ese ser le respondió a esa pregunta sin tener que decir nada, se quitó la
capucha y Kali quedó completamente perpleja. Era un hombre con edad avanzada, pelo
y barba canoso y unas ligeras arrugas que le cubrían el rostro. Se trataba, ni más ni
menos, que del anciano que se sentaba en el banco del parque, con el cual ella había
entablado varias conversaciones.
Ella aceptó todas las condiciones para ser inmortal, sin saber las consecuencias que le
traería en un futuro no muy lejano.
El anciano, el cual era la Muerte antes que la joven, se dispuso a irse, pero antes le
transfirió la guadaña y se dirigió una vez más a Kali.-Gracias por despojarme de tal
responsabilidad, por fin podré descansar en paz. Desear no morir es el mayor error que
cometí en el pasado y esta vez ha sido el tuyo. Buena suerte.- Y con esto desapareció
detrás del humo.
Kali recibió un mensaje mental, con la información de una persona desconocida.
Recordó que en la guía estaba escrita esta situación, decía que esa información le iba a
ser útil para encontrar a esa persona a la cual tenía que quitarle la vida, estas son las
consecuencias de aceptar la inmortalidad. La joven, al darse cuenta de lo que había
hecho, no quiso responder a sus obligaciones. Cuando esa idea se le pasó por la cabeza,
una voz le advirtió de lo que sucedería si no lo hacía.- Si una Muerte no es capaz de
quitarle la vida a alguien que le ha tocado, se la castigará cada vez que desobedezca.
Sólo hay tres advertencias, la primera advertencia será matar a otra persona, como
quitar la vida a alguien que no le pertenezca, en la segunda todos los recuerdos de tu
vida como mortal serán borrados y la tercera será borrar todo rastro de sentimientos
humanos que puedas tener o que hayas tenido. Si hay una cuarta vez, dejarás de existir
de cualquier forma, sin posibilidad de ir donde se encuentran el resto de almas.-
Al escuchar Las advertencias de esa voz, con un suspiro profundo, todos los
pensamientos de negación desaparecieron, ya que ella no quería que sus actos tuvieran
consecuencias.
Y sigo así hasta el día de hoy. No hay ni un día, ni año, ni siglo que no me arrepienta de
mi decisión de aceptar la inmortalidad. Aun sigo buscando a alguien tan ingenuo o
ingenua como lo fui yo, para poder descansar en paz. ¿Esa persona podrías ser tú?

Relat i dibuix realitzat per Naia R. i Andrea V.