El proyecto que iniciamos con los cursos de primero de bachillerato surge de la idea de considerar a la literatura como un espacio lúdico en el que un autor genera una historia a través de unos personajes, construye una trama argumental más o menos verosímil y sitúa estos elementos en un espacio y un tiempo más o menos concretos. Con estos elementos, el texto se convierte en un puente entre el creador de la historia y los lectores, que aceptan las reglas del juego y se convierten en los cómplices necesarios y activos para que el juego funcione de forma dinámica. Pero ¿y si la figura del creador y la del lector fueran la misma persona?

El proyecto consiste en construir un relato todos juntos, de tal forma que todos se convierten en creadores y lectores de su propia historia; una historia itinerante que irá pasando de mano en mano hasta acabar su recorrido por la clase y dar por finalizado el proyecto. Los alumnos se encontrarán de manera accidental en su mochila el libro de arena (sí, hemos leído a Borges) que contiene el relato fantasma y entonces deberán seguir la historia ahí donde se la hayan encontrado. Finalizada su porción del relato, tendrán que fotografiarlo junto con algún objeto o detalle personal que pueda ser una pista para que los demás compañeros puedan saber así en manos de quién está el libro (la pista del relato podrá seguirse también por el twitter de la escuela); devolverán el libro a un espacio determinado y desde allí, se volverá a poner en itinerancia.