Agarro la taza de café que aún conserva su fervor y su aroma a grano. Dejo reposar mis manos en ella unos
instantes para calentar mis palmas mientras humedezco mi boca para continuar con la explicación. Me coloco en
una cómoda posición y dejo la taza en la mesa después de tomar un sorbo.
-Llevo algo en mente desde hace unas horas, algo curioso. -Digo con tono humorístico.
-A ver, dime lo que tu mentecita está pensando. No me vayas a salir con un disparate, aunque de ti me puedo
esperar cualquier cosa. -Responde despreocupado a lo que le iba a decir en breves instantes.
-Anoche tuve un sueño, era bastante peculiar y diferente a los que he soñado, o de los que me llego a acordar.
-No me fastidies, ¿Es eso? Todos hemos tenido sueños singulares. No te atormentes con ello Bill.-Dice riendo.
-¿Puedes dejarme acabar? Y no, no es eso imbécil. No me refiero a esos sueños ordinarios, este en concreto fue
diferente. -Digo estas palabras con profundidad e inquietud en mi cuerpo, el humor se ha esfumado.
-Adelante. -Contesta compartiendo la inquietud que siento. Es la primera vez que me ve tan serio.
-No sé por dónde comenzar. Son ese tipo de experiencias que no sabes cómo describir.-Mis manos comienzan a
temblar ligeramente, pero continuo para no dejar con la intriga a Abel.
– En mi sueño estaba presente como lo estoy ahora contigo. En él había un marco similar al de una ciudad que
desconocía. Sentía mucho miedo porque estaba solo. Me envolvía la oscuridad más profunda. Recuerdo ver
farolas colocadas paralelamente a una corta distancia de la siguiente farola. Me parecía que era una carretera
principal en aquel lugar. Me puse a contemplar el sitio y lo que se suponía que tenía que hacer. A los pocos
instantes me encuentro a dos mujeres una de avanzada edad y la otra de mediana que venían caminando desde
un extremo de la calle. En ese momento aproveché para sonsacarles información de donde me ubicaba.
-Disculpe señora, mi nombre es Bill, ¿Sabe dónde estoy?-Pregunto con interés.
-Claro Bill, estás en la calle. ¿A qué viene esa pregunta?-Me dice la mujer más anciana con tono burlesco. No me
deja hablar porque rápidamente me interrumpe.
-Vamos hijo, no te vas a quedar en la carretera toda la noche.-Me dice tomándome del hombro. Yo enmudezco y
las acompaño. Tengo la ligera sensación de que saben quien soy, sin embargo yo no las logro reconocer aunque
sus rostros me parecen familiares. La otra mujer me toma del otro hombro con firmeza y me llevan en dirección
contraria a las farolas. Ahora lo que veo son casas con las luces encendidas y otras apagadas, estoy perdiendo
el conocimiento, no sé ni qué hora es aunque calculo que son pasadas las doce de la madrugada. Las dos
mujeres me encaminan a una casa que veo apenas veo. No tardaríamos muchos minutos en llegar al portal. Yo
solo observo mientras camino a su compás.
-Hijo, hemos llegado. Aquí vas a estar tranquilo y vas a descansar.-Me dice la mujer anciana con cariño en sus
palabras. A la vez hace que me sienta incómodo por oír esa oración de una desconocida.
-No quiero entrar en esa casa y en primer lugar no sé quién es usted. Le agradezco mucho por su ofrecimiento
pero no soy ningún vagabundo que tenga que estar siendo acogido por personas. Yo soy Bill Zuer, un
empresario que vive en Wisconsin y solo necesito saber donde estoy para poder irme a mi casa. ¿Ustedes
quiénes son? -Digo desesperadamente pero con amabilidad.
-Te contesto si entramos a la casa.-Me dice la otra mujer que no había articulado palabra conmigo en todo el
trayecto. Escojo confiar en su palabra y acepto entrar.
-Entra Bill, no te vas a compungir.-Esas fueron las últimas palabras de la primera parte del sueño que recuerdo.
Tomo otra vez la taza que está en la mesa. Remuevo el café de la taza, aún queda menos de la mitad. La espuma
característica ya se ha desvanecido. Bajo la mirada. Me siento incómodo. Hago una pausa para tomar un sorbo
largo y caliente.
-¿Bill qué pasó?, ¿Ya no te acuerdas de más cosas?-Me dice Abel con intriga.
-Lo próximo que recuerdo fue horrible. -Tomo otro sorbo pero esta vez más breve. No tengo ganas de beber solo
porque la ansiedad se apodera de mi cuerpo y de mi mente cada vez que intento recordar ese sueño.
-Tranquilo amigo, tómate unos minutos solo fue un simple sueño. Uno más.
-Es que era tan real, parecía tan verosímil. Nunca he tenido un sueño que me haya parecido tan creíble. Desperté
asustado y con el corazón acelerado, un sudor frío bañaba mi rostro. Más que un sueño fue una pesadilla.
Tendrías que haberlo visto Abel, era horrible.
-Relájate Bill. Sigue contándome, ¿Qué viste? ¿Qué había ahí? -Abel intenta comprenderme, pero sé que no es
fácil. El sueño que tuve no es sencillo de explicar, pero parece que él muestra mucho interés.
-Nada más entrar pude observar que no solamente éramos los tres, sino que teníamos compañía.-Mis manos se
enrollan entre sí para darse calor.
-¿Cómo estás? ¿Se puede saber dónde estabas?-Me pregunta un hombre adulto, debe de tener unos cincuenta
y pico.
-¿Quién es usted? -Pregunto con cierto temor en mi tono de voz.
-Nos tienes preocupados. -Prosigue.
-Ahora aprenderá a no desobedecernos. -Me dice la otra mujer que me ha llevado durante todo el camino.
A continuación, deshilachan la ropa que llevo puesta, la rompen, me la sacan y quedo semi desnudo. Me llevan en
contra de mi voluntad a un cuarto con apenas luz, solo tiene encendido dos velas de medida considerable. El
ambiente de ese cuarto es muy tétrico. Hay ventanas que están ocultas en trapos de terciopelo negros. Toda su
decoración es oscura. Me tumban a una cama y me piden que me relaje. Lo más extraordinario es que no me
hacen nada. Comienzo a llorar de la impotencia y desesperación por no poder salir de ahí. Me sujetan con
tenacidad a pesar de que intento safarme de sus brazos musculosos.
-¡¿Quieres calmarte coño?! -Truena una voz grave que tiene un origen desconocido.
-¿Por qué me tienen aquí? -Digo con voz apacible, puesto que me encuentro desgastado de tanto vociferar.
-Otra vez Roger, otra vez. -Dice la mujer anciana a lo lejos, parece que lo dice con lamentación.
-¿Qué pasa? -Pregunto con ansias de que por fin respondan alguna de mis preguntas.
No entiendo por qué estoy en esta situación. ¿Qué he hecho yo para merecer este maltrato? Maldito el momento
que decidí irme con esas mujeres. Apenas puedo ver con claridad a las personas que me rodean, no veo sus
rostros, no sé quiénes son. Estoy experimentando algo conocido como miedo, miedo a lo que será de mí si no me
libero. Mi cuerpo está sudado, posiblemente sea por el forcejeo entre ellos y yo, tenía todas las de perder.
Intento pensar una manera de escapar, pero todo es en vano. Cierro los ojos para tratar de relajarme y pensar
con más frescura a ver si consigo encontrar una salida. Pasan cinco minutos aunque para mí parece una
eternidad. Las dos mujeres que sujetaban mis brazos mantenían su fuerza pero ahora la incrementan a la vez
que se acerca otra vez el hombre. Me mantengo inmóvil, no tengo fuerzas para resistirme. Entre abro los ojos
para ver qué está pasando y veo que el hombre de cuerpo corpulento se abalanza sobre mí. Presiona mi
antebrazo para generar presión y así poder inyectar una jeringa de considerable tamaño. Siento un dolor
picante que permanece durante pocos segundos. Mientras sucede, oigo de fondo a esa misma mujer dándole
indicaciones de que vena seleccionar para proceder. Siento que pierdo el sentido y la cabeza me retumba. Noto
que el desvanecimiento está viniendo hacia mí. Pierdo el conocimiento en una laguna de desconcierto, mis
memorias y mis fuerzas se habían fugado. Sea lo que fuese la inyección hace que mis sentidos se relajen, que mi
cuerpo adopte un estado tranquilo, que mi corazón bombee sangre con mayor intervalo de tiempo. A
consecuencia de esa inyección hace que tenga sueño. Decido sucumbir al placer de dormir, a fin de cuentas es el
único deseo que no puedo oponerme después de todo.
-Y ahí es cuando me despierto. -Acabo con la sequedad en mi garganta. Decido tomar un sorbo más de café.
Pero algo ha cambiado. Levanto mis manos, pero no consigo verlas, recuerdo que la última vez sentí la taza de
café entre ellas, al parecer he perdido el tacto. El olfato se comporta de la misma manera, puesto que el aroma a
grano ha perdido su esencia, no consigo oler nada.
-¿En serio? -Abel se descojona por un largo periodo de tiempo.
-¿Crees que me voy a creer ese sueño? Estás loco Bill, loco de la cabeza. Creo que te iría bien acudir a un
especialista.-Abel habla con un tono mezquino. Algo en él ha cambiado.
La rareza de esta situación es que oigo a Abel con eco como en la lejanía de mi presencia. No he levantado la
mirada, sigo contemplando mi propio cuerpo y el enigma del porqué he perdido mis sentidos de un instante a
otro.
-Nadie te creerá, deja de decir que son sueños. Tú sabes en el fondo que no lo son, ¿no, querido Bill?, tú lo sabes
muy bien. -Abel describe mis pensamientos más profundos, los relata con la misma rapidez que la ansiedad
consigue recorrer todas mis venas.
-¡Cállate Abel! Tú no sabes nada… -Hablo con un tono enfadado.
En ese momento decido alzar la vista y lo que me encuentro carece de sentido. El paisaje que me rodea se
desvanece ante mis ojos, no soy capaz de ver nada con diafanidad. Me es trabajoso enfocar mi vista en algo,
todo es confuso.
-Piensa Bill, ¡estás desquiciado! -Oigo la voz de Abel con mayor lejanía desde la última vez que le escuché. Sus
palabras son las que menos me importan en este momento a pesar que penetran en mi subconsciente.
Mi cabeza es un caos, me siento mareado, puesto que no puedo pensar con limpidez. Cada vez más el
desvanecimiento es más intenso. Yo me envuelvo en su desbarajuste.
-¡Esto lo estás creando tú! ¿No te das cuenta pequeño Bill? -Él continúa con esas palabras afiladas intentando
cobrar importancia pero yo entro en un estado de relajación.
-Bill despierta. Despierta cariño.-Una voz en la lejanía; posiblemente en la misma lejanía que se encuentra Abel,
toma el papel protagonista, unas voces, lo peculiar es que me suenan familiares. No consigo identificarlas.
-Despierta de una vez. -Las voces toman volumen a medida que el desorden se vuelve más borroso. El cuarto
donde estaba tomando café con Abel se ha vuelto un espacio sin líneas rectas, sin orden, sin ninguna estructura.
Cada vez más, la somnolencia se apodera de mi cuerpo. No sé que estoy diciendo, no me importa. Solo quiero
cerrar mis ojos y sea lo que sea que vaya a ver después de abrirlos, que pase de inmediato. Los cierro con
delicadeza y los mantengo hasta desvanecer al igual que todo mi alrededor. Espero que los segundos
transcurran.
Y abro mis ojos.
Espero en la estrecha sala de estar hasta que consigo oír mi nombre procedente de la enfermera. Me levanto
con cautela y entro en la sala donde un doctor veterano me aguarda.
-Buenas tardes, señora Zuer. -Me dice el doctor con amabilidad.
-Buenas tardes, doctor Smith.-respondo.
-Me gustaría decirle que vengo para darle buenas noticias, pero desafortunadamente no es el caso.
-Vaya, que lastima. ¿Qué ha pasado señora? ¿El tratamiento que le estamos dando a su hijo no está siendo
eficaz? ¿Le ha causado algún efecto secundario? -Me pregunta.
-No nada de eso doctor, sino que tuvo un brote psicótico. No lo ha tenido desde la última vez que lo sufrió hace
más de tres meses.-En mi tono de voz se nota la preocupación que tengo.
-La última vez fue inducido y para ver su comportamiento.
-Así fue, pero esta vez la razón es desconocida.-Mi sistema nervioso se altera a medida que le explico la
situación al doctor.
-Explíquese.-El doctor me trata con suavidad, al parecer nota también mi estado.
-Bill lleva mucho tiempo sin padecer brotes psicóticos, como usted bien sabe. Hemos estado cuidando de él pero
lamentablemente anoche ocurrió lo inevitable, Bill se puso muy nervioso y se escapó de nuestra casa cuando
empezó el brote.
-Si le soy sincera me sentí inmpotente, debido a que no supe cómo actuar. Había pasado tanto tiempo desde la
última vez que ya me había olvidado de esa horrible experiencia. Mi hija se percató de que Bill salió corriendo
calle abajo y salió conmigo para traerlo de vuelta a casa.
-Le encontramos en la calle principal. Estaba desorientado y no nos reconocía. Le sujetamos como pudimos a
base de engaños, él accedió sin ofrecer ninguna resistencia.
-Constantemente preguntaba quiénes éramos y apenas media hora antes estaba cenando con nosotros. Bien
cierto es que al llegar a nuestra casa mostró hostilidad. Conseguimos que entrara, pero lo que sucedió a
continuación fue algo trágico.
-Tranquilícese, tómese un respiro si lo cree conveniente.
-No, puedo continuar. Como iba diciendo, justo al entrar por el portal, Bill comenzó a chillar y a ponerse muy
nervioso. Comenzó a sudar desorbitadamente sin ningún control de sus movimientos.
-Le conducimos a su habitación para recostarlo para tratar de calmarlo, pero resultó ser una mala decisión. Bill
se puso más histérico incluso llegué a pensar que sus ojos se podrían salir de la agitación que estaba
experimentando. Roger salió en nuestra ayuda justo al llegar del trabajo. Entre los tres lo sujetamos para así
poder inyectarle la dosis de calmante que usted nos recomendó en caso de urgencia.
-Vaya, lo lamento. -El tono de murria se hace presente en el doctor.
-Al parecer hizo efecto y Bill consiguió calmarse al punto de quedarse dormido.
-¿Eso fue todo? -Me pregunta el doctor.
-No. Al dormirse se le bajaron las pulsaciones considerablemente y me alarmé. Pensé que iba a perder a mi hijo
en mis brazos y comencé a decirle que despierte. Estábamos muy preocupados.
-Al recuperar la consciencia medio somnoliento, incluso puedo llegar afirmar que pudo estar soñando, no paraba
de repetir el nombre de Abel. De hecho, al despertarse preguntaba por él, como si no supiera que era una
imaginación suya. .
-Otra vez vuelve a tener sueños con Abel, eso no es una buena señal. Me temo que su hijo está empeorando,
puesto que está teniendo alucinaciones muy intensas.
-No es todo. Bill se puso de pie y observamos su comportamiento que en un primer momento no fue algo fuera
de lo común pero… -Se me corta la voz.
-Todo lo que cuente señora Zuer será en beneficio de su hijo, no podemos tirar seis meses de tratamiento por
los suelos. -Me responde el doctor.
-Nos explicó su sueño al igual que le había explicado ese sueño a Abel, ese sueño era una distorsión de lo que
pasó cuando lo encontramos en la plaza al escaparse de nuestra casa.
Se hace una pausa incómoda y larga en la sala.
-Estoy perplejo. No tengo comentarios señora Zuer, permítame asombrarme. Nunca he tenido este tipo de
pacientes. Es un caso que rompe mis esquemas. Discúlpeme. -El doctor procede a hacer silencio.
-No se preocupe. -Rompo a llorar sin cesar, el nudo de mi garganta no pudo resistir otra palabra más.
-En mis años de experiencia como psiquiatra nunca me he preguntado que sueña una persona que padece de
esquizofrenia, me refiero, incluirá a sus alucinaciones o solo soñará con las cosas verdaderamente reales… Pero,
¿Qué verdaderamente es real?
-Solamente Bill lo sabe, ¡Que digo!, ni siquiera él. -El doctor se muestra dudoso.
-¿Qué puedo hacer doctor? -Clamo deseando encontrar una respuesta en sus palabras.
Se produce otro silencio en la sala, pero esta vez es más breve que la anterior.
Nos miramos y decido levantarme con firmeza para retirarme. Tomo mi bolso y mi abrigo, abro el manubrio de la
puerta y salgo de la sala. Me alejo de la clínica psiquiátrica y decido tomar la Avenida Wallet. No me voy a
detener hasta llegar a mi próximo destino.
Bill me está aguardando en ese lugar.
Este relato ha sido inspirado en hechos reales.

Valeria Cabrera y M.Belén Roca