La selectividad siempre me ha dado mucho miedo, durante dos años nos habían estado presionando con nuestro futuro y que todo dependía de estos exámenes, de que tenías que hacer una de las elecciones más importantes de tu vida, que te tenías que esforzar por ello, debías renunciar a tu vida social, a la tranquilidad, al tiempo libre y enfocarte únicamente en una cosa, los estudios.
Ayer acabé el último examen, el de filosofía, el cual fue bastante fácil, sinceramente me lo esperaba mucho más complicado, supongo que la sociedad tiene tendencia a exagerar las cosas. Después de haberme quitado este peso de encima, no sabría decir muy bien cómo me siento, es cierto que me siento finalmente libre y segura de mí misma, pero aun así hay algo que no me deja dormir por las noches, no sabría explicarlo, tengo un mal presentimiento y aún no sé por qué.
En fin, todo esto no es más que una mera preocupación, lo importante es que mañana me voy con mis amigos a pasar el fin de semana en una casa en la montaña que hemos alquilado entre todos, para celebrar que todos hemos acabado por fin una época importante de nuestras vidas y que seguramente a partir de ahora ya nada volverá a ser lo mismo. Estoy deseando poder verlos, hace un tiempo que no estamos todos juntos debido a que nos hemos convertido en ratas de biblioteca para poder sacar la nota que queríamos.
La alarma me despierta, creo que es la cuarta vez que suena, me suelo poner más de una por qué levantarme de la cama me cuesta horrores. Oigo a mi madre gritando que a este paso voy a llegar tarde, ella está un poco nerviosa por qué es la primera vez que paso el fin de semana fuera de casa y con mis amigos, aunque ninguno de nosotros es ya un niño.
– ¡Sammy! –oigo gritar a mi madre otra vez desde la cocina
– Ya voy mamá -le respondo
Refunfuñando para mis adentros salgo de la cama y voy directamente a la ducha. Me tomo una ducha rápida y con agua fría, me peino y me arreglo el pelo, cojo un jersey de lana roja, unos vaqueros skinny y mis botas negras favoritas y me visto. Bajo a la cocina, y allí está mi madre impaciente con cara de pocos amigos.
– ¿Por qué has tardado tanto? -gruñe mi madre.
No le contesto, sabe de sobras que las sabanas siempre se me pegan. Cojo una magdalena, me la meto en la boca y voy hacia mi habitación otra vez para acabar de hacer la maleta. A pesar de que solo nos vamos un par de días apenas puedo cerrarla yo sola, mi madre es muy previsora para estas cosas y me ha obligado a llevarme un sinfín de cosas que a mi parecer no son necesarias.
Justo cuando por fin cierro la maleta, oigo que pitan tres veces.
Cojo la maleta y la chaqueta y voy corriendo hacia la puerta, antes de irme cojo un par de magdalenas para el camino y le doy un beso a mi madre.
– Ten cuidado y no hagas ninguna tontería Sam -me dice mi madre
– Tranquila mama, no te preocupes –le digo tranquilizándola
– Te quiero –me dice ella y me abraza
– Yo también te quiero mamá –farfullo
Salgo por la puerta y veo el Jeep negro y reluciente de Ethan justo en frente de mi casa, todos me saludan y me meten prisa. Guardo la maleta en el coche y me subo de copiloto, como es costumbre.
A mitad de camino nos paramos en una gasolinera, nos reabastecemos de gasolina y de paso compramos alcohol y tabaco para esta noche, Jack lleva algo de maria en la guantera, aunque yo no tengo pensado fumar, siempre he pensado que no hace falta drogarse para disfrutar, de hecho, todo lo contrario. Tenemos pensado hacer una hoguera al lado de la cabaña, haremos una barbacoa y celebraremos por fin nuestra libertad.
Por el camino solo hay curvas infinitas que parece que nunca se acaben, la mitad de nosotros está mareado y cuando no podemos más por fin llegamos a nuestro destino. Cuando miro por la ventana me quedo sin palabras, lo que veo es impresionante, por las fotos el lugar ya era muy bonito, pero sin duda aquellas fotos no le hacen justicia, la cabaña, de madera, situada en frente de nosotros, está rodeada por un espeso bosque de árboles inmensos y matorrales eternos, el suelo está cubierto de flores de una variedad de colores impresionante y el aire que se respira es completamente puro.
Bajamos del coche y entramos en la cabaña, el interior está muy bien acomodado, hay suficiente espacio para los diez, tendremos que dividirnos en parejas ya que solo hay cinco habitaciones, yo dormiré junto a Will, aunque en camas separadas. Dejamos las cosas en las habitaciones y nos reunimos en el salón. Hay varios sofás de color granate alrededor de una gran chimenea, la televisión está en el centro de esta y es bastante grande, hay una mesa de cristal en el centro de diferentes niveles, parecida a un árbol, pero con la copa plana.
Nos sentamos en los sofás y empezamos a discutir sobre las tareas de cada uno y lo que tendremos que preparar.
– La comida está en el coche, hay que cogerla y ponerla en la nevera antes de que las cosas empiecen a calentarse –dice Jake
– Ya voy yo, no te preocupes –farfulla Kate, e inmediatamente se levanta acompañada de Hayley, que nunca se separa de ella.
– Entonces yo me encargo de montar la hoguera y preparar la barbacoa –aporta Ethan
– Genial entonces, Jack, Will y yo nos encargaremos de la mezcla –digo mirándolos a ambos.
– Por mi perfecto –dice Jack
– Y por mí –dice Will mientras tararea Giveon de Drake
– Bueno entonces ya que todo está solucionado los que quedan que ayuden a los demás- grita Caroline para que todos le oigan.
Todos nos ponemos manos a la obra, Will y Jack me siguen hasta el coche y cogemos todas las botellas que hemos comprado, Jack haciéndose el caballero carga también con mis botellas, aunque el favor le sale mal y casi se le caen todas al suelo. Llegamos a la cocina y las dejamos todas intactas en la encimera.
– Voy a ver si hay algún tipo de embudo o algo parecido por ahí, ahora vuelvo –dice Jack
Will y yo nos quedamos solos en la cocina mientras los dos demás están preparando la hoguera y la barbacoa, nos quedamos mirándonos y poco a poco nos vamos acercando.
– Hacía tiempo que no te veía Sammy –me dice Will
– He estado bastante desaparecida con el tema de los exámenes –le respondo
– Como todos supongo, aunque podrías haber venido a la cena del otro día –se queja amablemente
– Estaba muy cansada, apenas podía abrir los ojos –replico
– ¿Qué? ¿Me echabas de menos Will? –digo divertida
– La verdad es que si –dice muy seriamente
Su respuesta me sorprende, Will es un chico muy atractivo, alto, de constitución grande, fuerte, tiene unos increíbles ojos verdes, el pelo de color castaño clarito y lleva un aro en la oreja que lo hace aún más atractivo. Su mirada sigue fijada en mí y pierdo la noción del tiempo, me quedo sumergida en sus ojos hasta que Jack entra por la puerta.
– Todo está preparado ya chicos, hacemos la mezcla y vamos para allí –dice Jack con entusiasmo
Preparamos la mezcla tan rápido como podemos y nos reunimos fuera con los demás. Ya ha oscurecido, hace un poco de frío y vuelvo dentro para coger mi chaqueta. Cuando vuelvo, ya han empezado a poner la carne al fuego y a cocinar las verduras, desprenden un olor embriagador y mi estómago empieza a rugir.
Mientras comemos y bebemos nos ponemos al día sobre qué tal nos han ido los exámenes y que queremos hacer a partir de ahora. Ethan, como siempre, empieza a hacer y decir tonterías y todos nos reímos de sus ocurrencias, Kate y Hayley empiezan a bailar alrededor de la fogata y Caroline se las queda mirando divertida, nos lo estamos pasando en grande y de repente noto que alguien se apoya en mí, inmediatamente me giro y veo la gran sonrisa de Will.
– ¿No bailas? –pregunta él, y me tiende la mano ofreciéndose a bailar conmigo.
– Será un placer –digo riéndome tontamente
Bailamos unas tres canciones hasta que estamos cansados y nos sentamos en un rincón apartados de los demás, está bastante oscuro ya que se ha hecho completamente de noche, pero la luz de la fogata me permite verlo claramente. Una ráfaga de aire hace que me den escalofríos y mi cuerpo se destempla.
– ¿Tienes frío? –dice mirándome preocupado
– Un poco –balbuceo
En ese momento Will me pone su chaqueta y me estrecha entre sus brazos, mi cuerpo poco a poco se va calentando y dejo de tener frío. Me giro hacia Will, nuestros ojos se encuentran y nos quedamos absortos en la mirada del otro, su mirada baja de mis ojos a mis labios, desliza su cálida mano por mi mejilla y me besa. Sus labios se mueven con destreza sobre los míos, lame mi labio inferior pidiendo permiso para dejar entrar a su lengua, nuestras lenguas se enredan en un vals eterno y finalmente se separan porque nos falta el aire.
– ¿Sigues teniendo frío? –pregunta Will con la voz entrecortada
– No –respondo sin aliento
Nos quedamos abrazados bajo la penumbra de la noche. Sobre la una Will se queja de que se encuentra bastante mal, debe haberle sentado mal la comida, se despide con un fugaz beso en los labios y lo veo adentrarse en la cabaña. Vuelvo con el grupo y la mitad de ellos ya están bastante borrachos y eufórica me uno a ellos.
No sé qué hora es, hace rato que he perdido la cuenta, mi vaso ya está vacío y no quedan botellas fuera, voy a por un par de la cabaña y por el camino me tropiezo un par de veces, supongo que el alcohol ya está haciendo efecto, cuando salgo veo a Mark saltando como un loco al lado de la hoguera, parece ser que está mucho peor que yo, de repente pierde las fuerzas en las piernas y se cae, todos nos reímos y apenas puedo mantenerme de pie.
Cuando me estoy acercando con las botellas en la mano, diviso a lo lejos lo que parece ser un rastro de luz, al principio creo que se trata de mi imaginación, pero a medida que me voy acercando me doy cuenta de que no era luz lo que veía sino fuego. Me fijo en la hoguera y veo que las piedras que mantenían el fuego concentrado ya no están en su lugar y que están escapadas por la tierra, el fuego que antes estaba controlado se estaba expandiendo rápidamente por la zona.
– ¡aaaaaaaaaah! –grita alguien
– ¡FUEGO! ¡FUEGO! –grita aún más fuerte
Todos se percatan de lo que yo misma acabo de ver, cunde el pánico y todos empiezan a pelearse entre ellos, intento calmarlos, pero es finalmente Jake quién los hace callar y pone orden. Dice que alguien mire si hay cobertura y de que echemos tanta agua como sea posible para intentar apagarlo. No hay cobertura.
– Jake, han cortado el agua –dice Caroline aterrorizada
– ¿Estas completamente segura Caroline? –pregunta Jack con los ojos desorbitados
– Completamente –responde Caroline con lágrimas en los ojos
El horror y la desesperación nos alcanzan a todos, estamos paralizados, en shock, nadie sabe qué hacer. Las llamas engullen rápidamente el campo de flores que antes había sido tan bonito, nos acechan esperando llevarnos con ellas, el sonido de las llamas que tanto adoraba ahora me aterroriza completamente. Con un segundo grito todos empiezan a correr tan rápido como pueden y yo segundos más tarde les sigo. El bosque
no tiene fin, los arboles ahora se cierran ante nosotros, los matorrales nos obstaculizan, como si quisieran atraparnos, como si quisieran que las llamas que nosotros mismos habíamos provocado nos llevaran con ellas, como si nos culparan.
De repente el mundo se cae, los recuerdos de la noche vuelven a mi como flashbacks y lo único que queda es WILL. ¿Dónde está? No ha venido con nosotros, estoy segura y entonces recuerdo que aún sigue allí, en esa cabaña rodeada de muerte.
Se presenta una decisión que cambiará mi vida y la de Will, una decisión que no quiero tomar, una decisión en la que lo arriesgo todo, en la que arriesgo mi vida y la de él. Volver a la cabaña a por Will o seguir adelante y dejarlo atrás. ¿Qué se supone que tengo que hacer? La presión se hace insoportable, contra más tiempo paso pensando menos tiempo tiene él, pero ¿realmente quiero ir a salvarlo? Si vuelvo, el recinto ya habrá sido engullido por el fuego, la cabaña seguramente también estará en llamas y Will está enfermo, tendré que cargarlo conmigo y aunque tengo mucha fuerza no creo poder ser capaz de cargar con un hombre de unos 80 kilos, por otra parte, si sigo, ¿en qué me convierte eso a mí? ¿podría vivir con el cargo de conciencia de haber dejado morir a la persona que amo? ¿podría considerarme persona si quiera?
Tan solo sé que no sé nada, no quiero dejarlo morir y tampoco quiero morir yo, mi respiración cada vez está más agitada, las lágrimas se deslizan sobre mis mejillas y mi visión se vuelve borrosa, tengo que tomar una decisión.
¿El amor y la muerte o la vida y la desesperación?